México pulverizado

México pulverizado

%% item_media%Todos jugamos en la cancha que quiere el presidente. Usamos sus metáforas, reproducimos sus insultos, nos enganchamos con sus cortinas de humos. El presidente tiene al país donde quiere, en una disputa superficial, en una guerra tribal que se dirime en las áridas praderas digitales.Durante el viejo régimen, el PRI se las arregló para mantener una idea de unidad nacional. Ser mexicano, además del accidente geográfico, el idioma y la moneda, se sostenía de un orden constitucional, de los mitos históricos, religiosos y una dosis abundante de folclor. Cuanto presidente pasó por el poder, apeló a la unión de todos en torno a esa cosa abstracta y compleja, llamada México.Hoy, más que una narrativa de nación, de México hacia adentro y de México hacia afuera, hay una estrategia de polarización social. La idea de unidad fue desplazada, hoy se pide lealtad a ciegas al López Obrador. Para cada grupo social hay una consigna simplista, si no estás con Amlo, eres corrupto o defiendes la corrupción.Científicos, ambientalistas, activistas, médicos, arquitectos, ingenieros, artistas, deportistas, medios, reporteros o columnistas han sido satanizados por el grave error de disentir o exigir algo distinto. Si diez gobernadores exigen la revisión del pacto fiscal son corruptos y dañan la investidura presidencial, pero López puede aparecer en público haciéndose una limpia o saludando a la madre del sanguinario Chapo Guzmán y ahí no pasa nada.Esto no es normal, ni deseable. Lo que hoy es una estrategia exitosa en términos políticos e incluso mediáticos, tendrá consecuencias sociales muy graves. El presidente no está midiendo el daño que sus palabras hacen, no tiene idea de lo que implica pulverizar al país. Aún es muy temprano para medir el daño de la división a nivel comunitario, pero es de suponer que las consecuencias futuras pasaran, entre otras cosas, por la incapacidad de ponernos de acuerdo, por la apertura de una nueva herida nacional, por alimentar el encono social.La pregunta no es, qué país va a quedar después del 2024, sino qué sociedad se está gestando para entonces. A las tendencias negativas económicas, de salubridad y de seguridad, debemos incluir la variable de la reconciliación como un elemento urgente.Sembrar el odio entre unos y otros, promover el linchamiento y la descalificación del que piensa distinto y menospreciar el disenso es fincar las bases de la barbarie.El camino para evitarlo pasa por aquello que más detesta López Obrador. Pasa por poner en segundo plano su figura; lo que debe protagonizar la conversación nacional son los datos, las evidencias, las políticas públicas. Pasa por reivindicar el pluralismo y el disenso. Para por el respeto al otro, por el fortalecimiento de los contrapesos y el orden institucional.México no debe convertirse en un circo romano donde un emperador decide quienes viven y quienes mueren, o dicho en los términos de López, quién es el pueblo bueno y los demás, los corruptos.La lógica binaria del están conmigo o contra mí, borra de golpe la idea superior que es México. El país estaba antes de López y seguirá después de él, ojalá para entonces, sigamos todos con el país.

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