Convertirte en lo que no eres.

Convertirte en lo que no eres.

%% item_media%Tanto amor y tanto llanto, imposible no creer en tu entrega; en ese esfuerzo sobrehumano por convertirte incluso, en aquello que no eres o en lo que nunca pudiste ser; para seguir aquí, para que esto no acabase, para darme gusto; para convertirte tan sólo en aquello que adoraba de ti… Para expulsar al demonio en el nombre de este amor tan humedecido en lágrimas, intentando rehacer tu maltrecha naturaleza. Hete ahí. Recomponiendo a cada instante tu malhadado exorcismo. Y vuelta a empezar de nuevo. Ingenua. Tanta tristeza se te fue en los ojos, de niña y de mala, de sincero intento de ser buena, de tan fallida lucha sabiendo que no ganarías. Carente siempre de esperanza alguna; pero con la ferviente entrega de quien sabe que se juega la vida. De quien voltea su última carta. De quien se entrega toda sin saber a donde se dirige. Intensa y plena. Tanto amor había en tus ojos, tanta indefensión en tu cuerpo tembloroso, desfallecido de no poder, agotado de intentar, peleando siempre con el estar bien, sembrando minas por doquier en el patio de su casa, disparando hacia arriba, queriendo ser lo que la vida te negó, terca, necia. Estrella arrojada a la barranca. Ciega. Suicida trapecista y loca. Eras un collar de momentos preciosos, perfectamente delimitados. Condenados a jamás unirse. Mariposa extinta entre cuatro paredes y un sueño. Con la impetuosa eternidad de un momento donde te dabas toda, a sabiendas de que ahí acabaría todo. Que el encanto se iría como la tarde, que de aquel sopor vespertino un día habría que despertarse, que la intensidad no alcanza para vivir la vida… Por lo menos no para la vida de aquellos que deciden echar el ancla… tan así, tan tú, tan etérea. Y así te fuiste un día por la ventana, de la mano de la añoranza, no se sí al monte o por la carretera, pero para siempre. Unos ojos que no voltean atrás, una sombra que se achica a lo lejos y se vuelve un punto. Luego nada. Y ahí sigues. Inagotable. Inexplicable. Inmensa. Intensa. Tan sin un porqué y sin un cómo. Y los más doloroso, sin un para qué.Pero… ¿Qué más podría esperarse de un fantasma?”Entre el Yo Ideal y el Ideal del Yo y otras Neurosis. Parte 2″.

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